miércoles, 25 de noviembre de 2009

La recitación de poemas

Una de las actividades más bonitas y satisfactorias tanto para profesores como para alumnos es la recitación de poemas. En nuestro centro se lleva a cabo regularmente actividades de este tipo en todos los cursos. Este año, y de manera muy especial, se está trabajando este tema en el aula de 6º con varios objetivos a cada cual más interesante.

Pero el motivo de este post se debe a poner en práctica una nueva actividad o técnica de trabajo: la grabación de los poemas y su posterior subida a internet. La actividad no se queda dentro de las cuatro paredes del aula, sino que escapa mucho más allá de los muros de nuestro centro. Se universaliza. Esperamos que esta primera experiencia de grabación de poemas se pueda extender en el futuro y sea la semilla que brote en muchos de nuestros alumnos para que el gusto por la poesía sea algo importante.

El poema que va a dar comienzo esta serie se titula "El niño yuntero", de Miguel Hernández



Aquí os dejo el poema:

El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatifecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Miguel Hernández

Y para ponerle una pizca de sal al asunto vamos a escuchar el mismo poema cantado por Joan Manuel Serrat

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